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Un luchador argentino en un pueblo de Aeta

Nahuel Gandolfi

Nahuel Gandolfi

Cuatro de la mañana y suena el despertador. Era la mañana de sábado 30 de enero de 2021, y desde la noche anterior ya estaban muchos de mi compañeros en la staff house, preparando las donaciones y organizando la caravana. Tanto el equipo de UGB MMA y muchos otros voluntarios, saldríamos a participar del programa de donación Aeta Outreach program 3, de la mano de Papa Goat, que siempre esta pensando en como dar una mano al que lo necesita.

Llegué a Filipinas el 15 de Febrero del 2020 y he dedicado todo este tiempo a entrenar en Marikina, a causa de esta pandemia.

Contabamos con la colaboración del Alcalde de Marikina, que, entre otras cosas, puso un bus a nuestra disposición, y con todos los recaudos que estos tiempos de pandemia requieren, nos organizamos para salir en Caravana hacia Pampanga.

Era la primera vez que viajaba hasta allí, y sabiendo a lo que ibamos, pude disfrutar del hermoso paisaje y la compañía de toda esa buena gente que se nos había unido. Llegamos entonces por un rústico camino de tierra entre las montañas y la selva.

Los niños que nos veían llegar, corrían a avisar a sus familias, y si bíen no podía entender su idioma, no hacía falta para comprender la alegría e ilusíon en sus palabras. Bajamos entonces las donaciones, y mientras algunos empezaban a organizar las cosas para entregarlas a cada familia y cada niño, otros nos disponiamos a entretener a los nenes, a jugar con ellos. Música, bailes, juegos, caramelos, risas.

 

Esos chiquitos que no tenían nada, igual lo daban todo en cada mirada y sonrisa que me daban. Era seguramente la primera vez que veían a un extranjero, para colmo luchador. Y vaya a saber uno que era lo que tan contentos los ponía; pero me resultaba imposible negarme a jugar con ellos cuando corrían, se me trepaban, y hasta hicimos una competencia de fuerza, en la cual todos ellos me demostraron lo fuertes y valientes que son. Y por supuesto, todos me vencieron. Fue una tarde hermosa, donde dimos, pero fue más lo que recibimos.

Amor desinteresado, alegría, cariño. Nunca experimente un sentimiento tan lindo como ver la cara de felicidad de esos niños cuando recibían algo tan simple y a la vez tan innacesible para ellos, como una bolsa de caramelos o un par de chinelas. Ojalá muchos lean mis palabras, y no importa donde, como o a quién, pero que ayuden a quien lo necesita, sobre todos los niños, porque les aseguro que nada en el mundo llena mas el alma que eso.

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